Lidia Stella Mercedes Miy Uranga, conocida mundialmente como Taty Almeida, partió este domingo a los 95 años. Maestra de profesión y Madre por la fuerza de la historia, deja un vacío inmenso pero un legado eterno de resistencia, alegría y militancia colectiva que ya pertenece al pueblo entero.
El dolor que se hizo lucha colectiva
Nacida dentro de una familia de tradición militar y criada bajo un entorno conservador, la vida de Taty cambió de manera drástica el 17 de junio de 1975. Ese día, su hijo Alejandro Almeida, de 20 años, estudiante de la carrera de Medicina y militante del PRT-ERP, fue secuestrado y desaparecido por la organización paraestatal Triple A (Alianza Anticomunista Argentina).
Ante el silencio y la complicidad de su propio entorno, Taty inició un largo camino de búsqueda individual que, con los años, confluyó en el abrazo colectivo de las Madres de Plaza de Mayo. Se integró formalmente a la Línea Fundadora, transformando el dolor personal en una bandera política de transformación social.
La docente que sembró Memoria
Quienes compartieron militancia con Taty en las redacciones de medios populares, agencias comunitarias y portales de comunicación social como ccomusoc.com.ar la recuerdan por su enorme calidez, su constante predisposición para hablar con la juventud y su rechazo absoluto al rencor. «La única lucha que se pierde es la que se abandona», repetía en cada plaza, en cada escuela y en cada rincón del país que visitaba para dar testimonio.
A lo largo de cinco décadas, Taty Almeida no solo exigió el juicio y castigo para los genocidas de la última dictadura cívico-militar. Fue, además, una activa defensora de las causas del presente: acompañó activamente los reclamos salariales de los docentes, los derechos de los pueblos originarios, las luchas de los trabajadores recuperados y las demandas del movimiento feminista. Su pañuelo blanco se convirtió en un escudo protector para los sectores más vulnerables frente a las políticas de ajuste y represión estatal.
Un legado que las nuevas generaciones toman en sus manos
Su partida física, ocurrida a solo tres días de cumplirse un nuevo aniversario de la desaparición de su hijo Alejandro, genera una profunda conmoción nacional. Referentes de organizaciones de DD.HH., colectivos territoriales, sindicatos y movimientos estudiantiles expresaron sus condolencias y destacaron que la mejor manera de homenajearla es continuar su legado de organización comunitaria.
Desde la redacción, abrazamos a sus familiares, compañeras y afectos más cercanos. Taty no se va; se queda en cada pibe que milita, en cada maestro que enseña historia en los barrios y en cada marcha que vuelva a colmar las plazas al grito eterno de ¡30.000 compañeros detenidos desaparecidos, presentes, ahora y siempre!
