GINECO: POR QUÉ EL CULTIVO DE FLUJO DEBE HACERSE ANTES DEL PAP Y LA COLPOSCOPIA

Hacerse primero el cultivo vaginal y luego el PAP y la colposcopia mejora la precisión de los estudios ginecológicos y puede salvar vidas. Sumar el cepillado endocervical al PAP también reduce el riesgo de resultados incompletos.

En Argentina, miles de mujeres se realizan cada año estudios ginecológicos de rutina como el PAP (Papanicolaou) y la colposcopia. Sin embargo, muchas llegan a esas consultas sin haber hecho antes un paso fundamental: el cultivo de flujo vaginal. Este error de orden puede hacer que los resultados sean incorrectos o incompletos, y que el médico no pueda ver con claridad lo que realmente ocurre en el cuello del útero.

El cultivo vaginal es una prueba de laboratorio que se utiliza para identificar microorganismos presentes en la vagina que podrían estar causando infecciones. Este análisis sirve para diagnosticar posibles infecciones en el aparato genital femenino, como el dolor pélvico, la inflamación o el exceso de flujo. En cambio, el PAP y la colposcopia están diseñados para evaluar lesiones asociadas al Virus del Papiloma Humano (VPH). Son estudios con objetivos distintos y deben hacerse en orden.

El problema concreto es el siguiente: si hay una infección vaginal activa, el PAP puede verse distorsionado. Los cambios inflamatorios en las células pueden parecerse a la displasia, y distinguir unos de otros es un problema cotidiano en la interpretación del PAP. Dicho de forma simple: la infección puede «disfrazar» células sanas como si fueran anormales, o bien tapar señales reales de alarma. Por eso, el cultivo debe hacerse primero: si hay infección, el médico la trata y recién después realiza el PAP con la muestra limpia.

Si la citología resulta inadecuada por inflamación o hemorragia, debe repetirse la toma después de efectuar el tratamiento específico. Esto significa más tiempo, más turnos y más gastos. Hacer el cultivo antes evita todo ese circuito.

Además del cultivo previo, existe otro recurso que muy pocas veces se menciona: el cepillado endocervical. Se trata de una pequeña herramienta —un cepillo delgado— que se usa para tomar células del interior del canal del cuello uterino, una zona que la espátula habitual del PAP no puede alcanzar bien. Usar el cepillo mejora la calidad de la toma cervicovaginal en un 12%, y se recomienda para la toma endocervical porque evita tener que repetir muestras.

En estudios clínicos, cuando se utilizó solo el hisopo de algodón, el 25,9% de las muestras fueron informadas como inadecuadas por ausencia de células de la zona de transformación, frente al 13,9% cuando se usó el cepillo. La zona de transformación es precisamente el lugar donde con mayor frecuencia se originan las lesiones precancerosas.

Hay una causa poco mencionada detrás de estos errores de diagnóstico. En muchos centros de salud, especialmente los públicos, el cepillo endocervical no está disponible de manera sistemática por razones de presupuesto o falta de protocolos actualizados. El cáncer de cuello uterino afecta principalmente a mujeres vulnerables con poco vínculo con los servicios de salud, y algunas de las barreras se relacionan con la inequidad en la distribución territorial de las pruebas de tamizaje y del personal de salud para realizar la toma y lectura de las muestras. Así, las mujeres con menos recursos son también las que reciben estudios de menor calidad, lo que genera un circuito de desigualdad sanitaria difícil de romper.

El PAP y la colposcopia existen desde hace décadas como herramientas centrales de la salud ginecológica. Ambos estudios tienen la finalidad de cuidar la salud de la mujer y ninguno sustituye al otro; son complementarios. A esas dos herramientas se suman hoy el cultivo de flujo y el cepillado endocervical como recursos que potencian la precisión del diagnóstico.

Los números en Argentina muestran la urgencia del problema. El cáncer de cuello de útero es el tercer tipo de tumor más frecuente en mujeres en el país; se estiman más de 4.600 casos nuevos y más de 2.200 muertes anuales, pese a ser una enfermedad altamente prevenible. Las provincias de Misiones y Formosa se encontraron en el quintil más alto de mortalidad por cáncer cervicouterino a nivel nacional.

Si los estudios se realizan en orden correcto —primero el cultivo, luego el PAP con cepillo y colposcopia— y se detectan lesiones a tiempo, el tratamiento es más simple y efectivo. Este tipo de tumores pueden tardar entre 10 y 20 años en desarrollarse, por lo que existe una amplia ventana de tiempo para diagnosticarlos antes de que lleguen a etapas avanzadas. El orden de los estudios no es un detalle técnico: es una decisión que puede marcar la diferencia.

Glosario

Cultivo de flujo vaginal: Análisis de laboratorio que identifica bacterias, hongos u otros microorganismos en la secreción vaginal. Permite detectar infecciones antes de realizar otros estudios.

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