Este sábado 11 de julio Argentina venció 3 a 1 a Suiza en el Mundial 2026 y el próximo miércoles enfrentará a Inglaterra en semifinales. Más allá del resultado deportivo, el cruce reabre una carga simbólica que en Argentina excede el fútbol: la de un país que históricamente jugó contra su antiguo rival colonial en el terreno donde sí pudo ganarle.
Contexto histórico
El antecedente fundacional es 1966: en cuartos de final del Mundial disputado en Inglaterra, el capitán argentino Antonio Rattín fue expulsado en circunstancias muy discutidas y, camino al vestuario, se sentó sobre la alfombra reservada a la Reina Isabel II. El técnico inglés Alf Ramsey calificó a los argentinos de «animales». Argentina perdió 1 a 0 aquel partido. Sesenta años después, esta misma semana, Rattín murió a los 89 años, y su fallecimiento reactivó en los medios la memoria de aquel episodio justo en la previa de este nuevo cruce contra Inglaterra.
El segundo hito es 1986, cuatro años después de la guerra de Malvinas: Diego Maradona convirtió los dos goles más recordados del fútbol mundial contra Inglaterra en el mismo partido, «la mano de Dios» y el «gol del siglo». Para gran parte de la sociedad argentina, aquel 2 a 1 funcionó como un desquite simbólico frente a una derrota militar reciente y todavía muy dolorosa.
India y Bangladesh: una identificación directa con Argentina
El fenómeno no es solo argentino. En Bangladesh, ex colonia británica, se calcula que entre el 50% y el 60% de la población —unos 70 a 88 millones de personas— hincha por Argentina en los Mundiales, más hinchas que los que tiene el propio país. En el estado indio de Kerala ocurre algo similar a menor escala. El origen es el mismo partido: 1986 fue el primer Mundial que se transmitió en vivo en Bangladesh, y ver a Maradona vencer a Inglaterra, apenas cuatro años después de Malvinas, se vivió como una victoria propia. Bangladesh había sido colonia británica hasta 1947 y sufrió hambrunas y represión bajo ese dominio; India, la misma potencia colonial hasta su independencia ese mismo año. Un comentarista bangladesí lo resumió así: Maradona se convirtió en «un héroe rebelde para una nación que todavía cura sus cicatrices coloniales». Esa identificación se transmitió de generación en generación y hoy sigue viva en el fanatismo por Messi.
Por qué se repite este patrón
En países que enfrentaron al Imperio Británico, ya sea por colonización o por conflicto directo, el deporte se convirtió en un espacio donde disputar simbólicamente lo que no se resolvió en otros terrenos. Argentina y Bangladesh comparten esa «herida» con Inglaterra —Malvinas de un lado, la colonización británica del otro— y encontraron en un mismo partido de fútbol, con Maradona como protagonista, un punto de unión que perdura casi cuarenta años después.
Lo que trae este partido
A diferencia de 1966 y 1986, hoy no hay guerra ni conflicto diplomático activo equivalente, aunque la disputa por Malvinas sigue sin resolverse en foros como la ONU. El miércoles llega, además, en el cierre de la carrera de Lionel Messi en Mundiales: la posibilidad de que el jugador más importante del fútbol argentino reciente tenga su propio capítulo frente al mismo rival que protagonizó los momentos más recordados de Rattín y Maradona.
Posibles consecuencias
Se espera que la cobertura mediática, tanto en Argentina como en el sur de Asia, vuelva a poner en primer plano estos antecedentes históricos, y que el resultado —gane o pierda Argentina— sea leído por buena parte del público más allá de lo deportivo, como ocurrió en 1966 y 1986.
Glosario
- Poscolonialismo: forma de pensar la relación entre un país que fue colonizado y su antiguo colonizador, y cómo esa historia sigue influyendo en el presente.
- Cuestión Malvinas: disputa de soberanía entre Argentina y Reino Unido sobre las Islas Malvinas, sin resolver desde 1833.
- Compañía Británica de las Indias Orientales: empresa que administró gran parte del actual Bangladesh e India bajo dominio colonial británico antes de 1947.
