C5N DESPIDIÓ EN VIVO A CORRESPONSAL

El despido de la periodista Silvina Sterin Pensel de C5N abrió un debate que va más allá de sus publicaciones en redes sociales. No se trata solo de qué dijo, sino de cómo reaccionó el medio y qué mensaje deja ese gesto hacia el oficio periodístico.

Según trascendió, Sterin Pensel se enteró de su desvinculación por la televisión y los portales de noticias, antes de recibir una comunicación directa de la empresa. Ese dato no es menor. En cualquier estándar laboral, y más aún en el periodismo, la forma también es contenido. Despedir sin notificar primero a la persona involucrada expone una lógica de urgencia y desprotección que merece ser cuestionada.

En cuanto al fondo del conflicto, la acusación de antisemitismo fue el eje más repetido para justificar la decisión. Sin embargo, al analizar los posteos conocidos, esa calificación resulta, como mínimo, discutible. Las expresiones apuntaron a ciudadanos israelíes en tanto nacionales de un Estado en guerra, no a personas judías por su religión o identidad étnica. La diferencia no es menor: antisemitismo y xenofobia no son sinónimos, y usarlos de manera intercambiable empobrece el debate público.

Si hubo un exceso discursivo, algo que puede y debe debatirse, el problema está más cerca de una generalización política indebida o de una expresión xenófoba, antes que de un discurso de odio religioso. Convertir automáticamente una crítica política dura en antisemitismo no solo desdibuja el concepto, sino que lo vuelve una herramienta de silenciamiento.

El caso también deja al descubierto una tensión cada vez más presente en los medios: las redes sociales personales de los periodistas son leídas como extensiones de la línea editorial, pero las empresas no siempre asumen reglas claras ni criterios consistentes para esos espacios. La sanción aparece selectiva, reactiva y condicionada por el costo político del tema, más que por una política interna transparente.

Cuando una corresponsal es despedida de este modo, la noticia ya no es solo lo que escribió, sino cómo el medio gestiona el disenso, el error y la presión externa. Y esa es una discusión que el periodismo no puede esquivar si pretende defender la libertad de expresión sin renunciar a la responsabilidad profesional.

Deja un comentario