El 5 de junio de 1975 quedó marcado en la memoria económica argentina como el inicio visible de una crisis que golpeó directo sobre salarios, precios, tarifas y vida cotidiana. El llamado Rodrigazo, anunciado por el ministro de Economía Celestino Rodrigo durante el gobierno de María Estela Martínez de Perón, fue mucho más que una medida técnica: fue un shock que cambió la relación entre el ingreso popular y el costo de vivir.
La efeméride importa porque ayuda a entender una escena que en Argentina se repite con distintos nombres: cuando una decisión económica se presenta como inevitable, pero sus consecuencias bajan rápido a la mesa familiar, al transporte, a la luz, al alquiler y al salario.
Qué fue el Rodrigazo
Celestino Rodrigo había asumido el Ministerio de Economía el 2 de junio de 1975. Pocos días después anunció un paquete de medidas que incluyó una fuerte devaluación, aumentos en combustibles, transporte y tarifas públicas, y una nueva etapa de presión sobre los precios. Según registros históricos y académicos, el plan se presentó como una salida frente a desequilibrios acumulados, pero en la práctica descargó el costo sobre trabajadores y sectores populares.
En una economía donde los salarios se negociaban en paritarias y el consumo popular sostenía buena parte de la vida urbana, el salto de precios produjo una reacción social inmediata. No fue solo una crisis de números. Fue una crisis de changuitos, recibos de sueldo, boletos, almacenes y discusiones familiares sobre qué se podía pagar y qué había que dejar para después.
El conflicto salió a la calle
Las medidas abrieron un conflicto fuerte con el movimiento obrero. Investigaciones sobre las jornadas de junio y julio de 1975 muestran movilizaciones, huelgas y disputas en lugares de trabajo, con una participación intensa de bases sindicales que no aceptaban que el ajuste se comiera el salario. Esa respuesta popular fue una señal clara: la economía no se define solamente en despachos, también se disputa en fábricas, barrios y calles.
Desde una mirada sudamericana, el Rodrigazo también permite ver un patrón regional. En distintos países del continente, los programas de shock buscaron ordenar variables macroeconómicas, pero muchas veces lo hicieron debilitando ingresos, derechos laborales y capacidades estatales. La pregunta central sigue siendo actual: quién paga el costo de una crisis.
Por qué sigue importando hoy
A más de cinco décadas, el Rodrigazo funciona como advertencia histórica. Cuando la inflación, la devaluación y las tarifas avanzan más rápido que los ingresos, la sociedad no vive una abstracción económica: vive pérdida de poder adquisitivo, endeudamiento, angustia y deterioro de proyectos cotidianos.
Recordar esta efeméride no significa mirar el pasado como museo. Significa reconocer que las decisiones económicas tienen territorio, clase social y consecuencias concretas. Para CCOMUSOC, explicar el Rodrigazo es explicar cómo un país puede cambiar de rumbo cuando el salario deja de alcanzar y la vida diaria queda atrapada entre aumentos, incertidumbre y resistencia social.
Fuentes consultadas
- Archivo SEDICI-UNLP: mensaje de Celestino Rodrigo sobre el Rodrigazo.
- Repositorio CONICET: investigaciones sobre conflictividad obrera y Rodrigazo.
- CLACSO: documentos sobre movimiento obrero y crisis de junio-julio de 1975.
- IADE: trabajos sobre salarios reales en Argentina desde 1975.
Glosario
Devaluación: pérdida de valor de la moneda local frente a otras monedas, como el dólar.
Salario real: lo que efectivamente puede comprar un sueldo, más allá del número que figura en el recibo.
Programa de shock: paquete de medidas económicas aplicado de forma rápida, con impacto fuerte e inmediato.