La otra cara del Mundial. Mientras Argentina juega la final del Mundial 2026, casi todos los jugadores de la Scaloneta tienen algo en común: aprendieron a jugar en un club de barrio, no en una academia de élite.
Lionel Messi dio sus primeros pasos en Newell’s Old Boys, en Rosario. El arquero Emiliano «Dibu» Martínez se formó en tres clubes chicos de Mar del Plata: General Urquiza, Talleres y San Isidro. Cristian «Cuti» Romero empezó a los 8 años en San Lorenzo de Córdoba, en el barrio Las Flores. Leandro Paredes se hizo futbolista en Brisas del Sud, un club de Mataderos, con el entrenador conocido como «el Tano» Nania. Gonzalo Montiel arrancó en El Tala, de González Catán. Ninguno pasó primero por un club poderoso: pasaron primero por un club de barrio.
No es casualidad ni anécdota. En Argentina hay más de 12.000 clubes de barrio y de pueblo, según el Relevamiento Nacional de Clubes y Entidades Deportivas. Son, al mismo tiempo, canchas de fútbol y espacios de contención social: ahí un chico no solo aprende a jugar, también tiene un lugar seguro después de la escuela, un entrenador que lo conoce, y muchas veces la única actividad extraescolar organizada de todo el barrio.
Ese doble rol —deportivo y social— es lo que hace que la Selección de hoy sea, en el fondo, una vidriera de lo que esos clubes producen cuando funcionan bien.
Pero sostenerlos no es gratis. Muchos clubes atraviesan un momento económico difícil: en Rosario, por ejemplo, referentes de instituciones barriales cuentan que cada vez más familias no pueden pagar la cuota societaria, mientras suben los costos de luz, gas y mantenimiento. El presupuesto nacional para clubes de barrio y pueblo también se redujo fuerte en los últimos años, y un programa que subsidiaba la cuota de chicos de bajos recursos para que pudieran hacer deporte fue discontinuado.
Lo que sí sigue en pie: el beneficio de tarifas de luz y gas subsidiadas para clubes de barrio (Ley 27.098) continúa vigente, y el Gobierno extendió el plazo para que las instituciones completen el trámite hasta fin de 2026 — unas 12.000 entidades en todo el país pueden acceder a este beneficio. Y en paralelo, varios clubes empezaron a digitalizar la gestión de socios y cuotas con herramientas simples (planillas, cuentas de correo institucional, apps de cobro), lo que en algunos casos ya mostró resultados: instituciones que se ordenaron así aumentaron su recaudación en torno al 30%, según relevó una nota reciente sobre el tema.
En criollo: el mismo club que hoy forma a un capitán de la Selección puede estar, al mismo tiempo, complicado para pagar la factura de luz. Las dos cosas son ciertas a la vez, y las dos importan.
Glosario
- Club de barrio o de pueblo: institución social y deportiva sin fines de lucro, sostenida por sus socios, que ofrece actividades deportivas y recreativas a la comunidad donde está ubicada.
- Cuota societaria: monto mensual que paga cada socio para sostener el funcionamiento del club.
- Subsidio tarifario (Ley 27.098): beneficio que reduce el costo de los servicios de luz y gas para clubes de barrio y de pueblo reconocidos por el Estado.
