En las últimas semanas, repartidores de PedidosYa en distintas ciudades del país vienen denunciando una situación que se repite: pagos incompletos, liquidaciones que no coinciden con los pedidos realizados y dinero que directamente no llega a las cuentas. Aunque desde la empresa suelen atribuir estos problemas a “errores del sistema”, detrás de cada falla hay una estructura concreta de decisiones y responsabilidades que vale la pena conocer para entender cómo reclamar y cómo visibilizar el conflicto.
Desde septiembre de 2025, el máximo responsable de PedidosYa en Argentina es Enrique Valencia, quien asumió como Managing Director tras haber liderado la operación en Panamá. Su rol no es técnico ni administrativo en el día a día de los pagos, pero sí político y legal: es quien responde por el funcionamiento general de la plataforma en el país y por el cumplimiento de las obligaciones de la empresa frente a los repartidores. Cuando hay un problema aislado, puede diluirse en el soporte; cuando el problema es masivo o persistente, la responsabilidad escala directamente a la conducción local.
En paralelo, la estructura financiera no se decide en Argentina sino a nivel regional. Pablo Setuain se mantiene como Chief Financial Officer para toda Latinoamérica, con supervisión sobre las operaciones en más de una decena de países. Desde su área se diseñan los mecanismos de pago masivo, se gestionan los vínculos con bancos y pasarelas de cobro y se define cómo y cuándo fluye el dinero hacia las cuentas de los riders. Por eso, cuando los errores de pago se repiten, no se trata de un inconveniente individual sino de un problema en la arquitectura financiera de la empresa.
Antes de que el dinero siquiera llegue a Finanzas, hay un paso clave que suele quedar invisible para los repartidores: el trabajo del equipo interno de Operaciones de Logística. Este departamento técnico es el encargado de que la aplicación “cuente bien” el trabajo realizado. Cruzan datos de GPS, tiempos de entrega, pedidos aceptados y confirmaciones de clientes para generar la liquidación final. Si un rider realizó cincuenta pedidos y la app solo reconoce cuarenta, el error suele originarse en esta etapa, mucho antes de que el pago se ejecute.
Esta cadena explica por qué muchos repartidores quedan atrapados en un limbo. El soporte técnico responde con mensajes automáticos, el sistema no corrige la liquidación y el dinero no aparece. Mientras tanto, el costo del error lo absorbe quien trabaja, no la plataforma. En un esquema de ingresos diarios o semanales, cada retraso impacta de forma directa en la vida cotidiana del rider.
Frente a este escenario, el reclamo dentro de la aplicación es apenas el primer paso. Sirve para dejar registro, pero no siempre para resolver el fondo del problema. Cuando las respuestas no llegan, el conflicto pasa a ser formal. En ese punto, ya no se trata de “un ticket”, sino de una empresa que opera en Argentina y tiene representantes legales identificables. Conocer quiénes ocupan esos cargos es clave para cualquier acción administrativa, gremial o judicial.
También entra en juego la visibilidad pública. En los últimos años, los reclamos que logran mayor respuesta no son necesariamente los más numerosos, sino los que exponen el problema con datos concretos y afectan la imagen de la gestión. Mencionar a la conducción de la empresa, etiquetar cuentas oficiales y plantear el conflicto en términos de incumplimiento laboral suele acelerar las respuestas internas. No por solidaridad, sino porque las fallas de pago impactan en la reputación de quienes dirigen la compañía.
Detrás de la lógica de plataforma, el trabajo sigue siendo trabajo. Cuando el sistema falla, no falla un algoritmo abstracto: falla un ingreso. Entender cómo funciona la empresa, quién decide y quién responde no garantiza que el dinero aparezca de un día para otro, pero cambia el eje del reclamo. Ya no es un problema individual del rider, sino una responsabilidad concreta de una empresa que factura, crece y opera en el país. En ese marco, cobrar por el trabajo realizado no es un privilegio: es un derecho.