Este miércoles 11 de febrero habrá paro parcial de subtes desde las 21. El conflicto gremial se monta sobre un sistema deteriorado: estaciones cerradas más tiempo del anunciado, falta de ventilación, trenes antiguos, frecuencias irregulares y un boleto que volvió a aumentar por encima de los $1.300.
La Ciudad de Buenos Aires enfrentará este miércoles 11 de febrero de 2026 un paro parcial de subtes y premetro desde las 21 hasta el cierre del servicio, dispuesto por los metrodelegados (AGTSyP), en el marco de la jornada nacional de protesta contra la reforma laboral impulsada por el Gobierno nacional. La medida se suma a un escenario de deterioro operativo y tarifario que el subte arrastra desde hace meses y que impacta de forma directa en la movilidad cotidiana de cientos de miles de usuarios.
Más allá del paro, el subte porteño acumula cierres prolongados de estaciones, baja frecuencia, falta de ventilación y problemas de higiene. Parte de esta situación se explica por el Plan de Renovación Integral de Estaciones impulsado por Subterráneos de Buenos Aires S.E. (SBASE), que incluye obras de impermeabilización, recambio de pisos, señalética y accesibilidad. Aunque el plan fue presentado como una mejora estructural, los plazos anunciados no se cumplen: varias estaciones permanecen cerradas durante tres meses o más, debido a demoras en contrataciones y ejecución de obras civiles. Durante 2025 y comienzos de 2026, más de seis estaciones de las líneas A, B y D estuvieron fuera de servicio en simultáneo.
El plan de obras no contempla la reposición integral de sistemas de ventilación ni aire acondicionado en la mayoría de las estaciones ni en buena parte de las formaciones. Gran parte de la red depende de ventilación pasiva o ventiladores antiguos, muchos de los cuales no funcionan por falta de mantenimiento o equipamiento operativo. Esta situación genera temperaturas extremas en andenes y vagones, especialmente en verano, y fue señalada como una deficiencia estructural en audiencias públicas.
La falta de climatización está directamente vinculada a la antigüedad de la flota, en especial en líneas como la B, donde aún circulan trenes sin aire acondicionado. Aunque el Gobierno porteño anunció la compra de nuevos coches con climatización, su incorporación efectiva se demora meses, lo que obliga a seguir utilizando unidades antiguas en la operación diaria.
A esto se suman problemas persistentes de limpieza y olores, como el caso de la estación Pueyrredón de la Línea D, donde usuarios denuncian desde 2025 un olor cloacal constante. Según fuentes técnicas, el problema se vincula a fallas en drenajes y redes cloacales y a la ausencia de limpiezas profundas periódicas. No existe, hasta el momento, un cronograma oficial de solución definitiva, y los reclamos continúan acumulándose.
La combinación de trenes viejos, estaciones cerradas, falta de ventilación y mantenimiento insuficiente impacta de lleno en la operación: frecuencias deficientes incluso en hora pico, formaciones saturadas y demoras recurrentes en una red que transporta cientos de miles de pasajeros por día.
En paralelo, el costo del servicio sigue en alza. Desde febrero de 2026, el boleto de subte pasó de $1.260 a $1.336 con SUBE registrada, mientras que quienes no nominalizaron la tarjeta pagan hasta $2.124,24 por viaje. El premetro aumentó a $467,60 con SUBE y supera los $700 sin registrar. El ajuste responde a un esquema automático de actualización por inflación (IPC) más un adicional, aplicado por el Gobierno de la Ciudad.
En la práctica, el subte más que duplicó su valor en pocos años: de tarifas inferiores a $600 pasó a superar los $1.300, en un contexto de servicio degradado, obras inconclusas y conflictos gremiales recurrentes. El paro parcial de este miércoles no es un hecho aislado, sino otro síntoma de un sistema que ajusta tarifas mes a mes sin resolver sus problemas estructurales básicos.