La Legislatura porteña declaró de interés a dos pymes de Buenos Aires que hacen negocio de no tirar nada

El 14 de septiembre, diputados de la Ciudad distinguieron a Ecotown y Galpón de Ropa, dos empresas con actividad en CABA que convirtieron la ropa usada y los residuos de la molienda de trigo en un negocio formal. La semana anterior, el Gobierno porteño había celebrado que Buenos Aires entrara en el top 10 mundial de gestión con inteligencia artificial: dos formas distintas de la misma apuesta, mostrar una Ciudad que se vende como vidriera de innovación.

En el recinto de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, Gonzalo Ades Posse subió a recibir una distinción en nombre de una empresa que no fabrica ropa nueva: la compra usada, la revende hasta cuatro veces más barata que en el mercado tradicional y evita que termine en un relleno sanitario. A su lado, Abdón Zavaleta representó a la firma que reemplaza los platos de plástico por vajilla hecha con lo que sobra de moler trigo.

Fue el 14 de septiembre. Los legisladores porteños declararon «de interés para la Ciudad» a Ecotown y a Galpón de Ropa, por proyecto de la diputada Guadalupe Tagliaferri. El argumento oficial fue «el aporte de ambos en la economía circular, la reducción de residuos y el cuidado ambiental».

Galpón de Ropa nació en 2012 en Belgrano, donde sigue teniendo su sede. Desde entonces recirculó más de dos millones de prendas, tiene cinco locales y emplea a 55 personas. No produce ropa: compra la que otros ya no usan y la vuelve a poner en circulación. Tiene certificación de Empresa B, un sello que exige demostrar impacto social y ambiental además de rentabilidad.

Ecotown, con oficinas en Recoleta y una planta en Pilar, provincia de Buenos Aires, fabrica vajilla a partir de salvado de trigo orgánico —un residuo de la molienda que antes se descartaba o se usaba solo como alimento animal—. Según la empresa, cada plato se degrada en 30 días sin necesidad de compostaje industrial y reduce en un 80% la huella de CO2 frente a un plato descartable convencional. La compañía, fundada en 2019 por el economista Abdón Zavaleta, importó la tecnología de la firma polaca Biotrem.

La distinción de la Legislatura llegó pocos días después de otro anuncio del Gobierno porteño: el 10 de septiembre, la Ciudad informó que Buenos Aires había sido elegida entre las diez ciudades del mundo que «liderarán la gestión con inteligencia artificial», en paralelo al lanzamiento de BAX, la aplicación oficial para hacer trámites con IA, que ya superó las 110 mil descargas. Son anuncios de naturaleza distinta —uno viene del Ejecutivo porteño, el otro de la Legislatura—, pero ambos ocurrieron en la misma semana y apuntan al mismo relato: una Ciudad que busca mostrarse como polo de innovación, ya sea tecnológica o productiva.

Conviene aclarar qué es y qué no es una declaración de interés legislativa: es un reconocimiento simbólico, sin fondos ni beneficios impositivos asociados. No cambia la situación económica de las empresas de un día para el otro. Lo que sí hace es darles visibilidad institucional, algo que estas pymes de triple impacto —negocios que buscan ganar dinero sin depender de extraer o descartar recursos— suelen necesitar para competir con modelos productivos tradicionales, casi siempre más baratos a corto plazo porque no incorporan el costo ambiental de lo que producen.

Ni Ecotown ni Galpón de Ropa reemplazan por sí solas un problema de fondo: Argentina genera millones de toneladas de residuos textiles y agroindustriales por año, y la enorme mayoría todavía termina en basurales o rellenos sanitarios sin ningún tipo de reutilización. Son, por ahora, dos experiencias puntuales con sede en la Ciudad que muestran que hay un negocio posible en no tirar lo que otros descartan.

Glosario

  • Economía circular: modelo económico que busca reutilizar, reparar o reciclar materiales en lugar de fabricar, usar y tirar, para generar menos basura.
  • Empresa B (o de triple impacto): empresa privada certificada que se compromete a medir y mejorar su impacto social y ambiental, no solo sus ganancias.
  • Declaración de interés (legislativa): reconocimiento oficial y simbólico que otorga un cuerpo legislativo, sin fondos ni beneficios económicos asociados.
  • Biopolímero: material fabricado a partir de organismos vivos o sus restos (como plantas), que puede degradarse naturalmente, a diferencia del plástico común.
  • Huella de carbono (CO2): cantidad de gases de efecto invernadero que genera un producto o una actividad a lo largo de su fabricación y uso.

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