Una pareja porteña de 35 años, con dos hijos y techo propio, necesita $2.558.973 por mes para no salir de la clase media. Si en cambio alquila, esa cifra sube a $3.671.259: más de un millón de pesos extra que se van solo en pagar el techo. Los datos oficiales del Gobierno porteño y un informe de la fundación Tejido Urbano muestran que, en la Ciudad, ser inquilino o propietario puede definir si una familia entra o no en la pobreza.
El dato lo publicó el Instituto de Estadística y Censos de la Ciudad de Buenos Aires (IDECBA), el organismo oficial del Gobierno porteño que mide mes a mes cuánto necesita ganar una familia para no ser pobre, para ser clase media o para integrar el sector acomodado.
Según su informe de julio, una pareja de 35 años con dos hijos, dueña de su vivienda, necesitó $2.558.973 mensuales para ubicarse en la clase media. Es un dato que sube todos los meses: en junio el piso había sido $2.493.587, un 2,62% menos.
Pero el IDECBA también calculó qué pasa si esa misma familia no tiene casa propia y alquila. Ahí el ingreso necesario salta a $3.671.259, porque hay que sumar los $1.177.672 que costó en julio, en promedio, un departamento de tres ambientes en la Ciudad.
Esa diferencia no es un detalle técnico. La fundación Tejido Urbano, una organización con sede en la Ciudad de Buenos Aires que investiga el mercado de alquileres, llegó a una conclusión similar por otro camino: cuando se suma el costo de alquilar al ingreso de un hogar, miles de familias que las mediciones oficiales de pobreza no cuentan como pobres, en los hechos sí lo son.
El informe de Tejido Urbano, llamado «Alquileres e Inquilinos: Estado de Situación CABA», estima entre 425.000 y 500.000 hogares inquilinos en la Ciudad, es decir, más de un millón de personas. Entre ellos, la indigencia llega al 4% (contra 3,3% en el total de la población), la pobreza al 10% (contra 9%) y la fragilidad, una categoría intermedia de hogares en riesgo, al 10,5% (contra 9,1%).
La fundación aclara algo que no es lo esperable: el problema hoy no es tanto que los alquileres estén caros. Los valores, en términos reales, volvieron a niveles similares a los de 2016. El problema es que los salarios, medidos con el mismo criterio, tienen un poder de compra 23% menor que en ese año. La familia gana menos en términos reales, y por eso el alquiler —aunque no haya subido tanto— le pesa más.
Este cruce de datos oficiales y de una organización social confirma algo que CCOMUSOC ya había mostrado con la canasta básica nacional: la línea de pobreza se mueve más rápido que los ingresos de buena parte de la población. Lo que agrega el caso porteño es que, además del ingreso, importa la condición habitacional: ser propietario o inquilino cambia por completo si una familia entra o no en la clase media.
El IDECBA también releva otros perfiles de hogares en la Ciudad. Una pareja de jubilados, dueña de su vivienda, necesitó más de $810.147 para no ser pobre. Dos jóvenes de 25 años que alquilan necesitaron más de $1.121.908. En el otro extremo, el sector acomodado arranca en $8.188.716 mensuales.
Ninguno de estos datos incluye todavía una respuesta pública específica para inquilinos con ingresos medios: los programas de asistencia habitacional porteños existentes están pensados sobre todo para los sectores de menores recursos, mientras que la franja que este informe describe como «clase media que alquila» no encuadra en esos requisitos.
Glosario
- IDECBA: el instituto oficial de estadísticas del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Mide, entre otras cosas, cuánto necesita ganar una familia para no ser pobre o para ser clase media.
- Línea de pobreza: el ingreso mínimo que necesita un hogar para cubrir alimentos, vivienda, transporte y otros gastos básicos. Quien gana menos que eso es considerado pobre.
- Indigencia: una situación más grave que la pobreza, en la que el ingreso del hogar no alcanza ni siquiera para cubrir la comida básica.
- Fragilidad (habitacional): describe a hogares que no son pobres pero están cerca de esa línea, en riesgo de caer en ella si empeora su situación.
- Poder adquisitivo: lo que un sueldo realmente puede comprar. Puede bajar aunque el número del sueldo no cambie, si los precios suben más rápido.