El 30 de agosto de 1878, más de mil obreros de las imprentas y los diarios de Buenos Aires se apretujaron en una asamblea y votaron parar toda la ciudad. El 2 de septiembre las cajas de tipos quedaron quietas: fue la primera huelga organizada de la Argentina, y terminó con un límite a la jornada laboral y la prohibición del trabajo de niños menores de doce años.
Los tipógrafos armaban cada letra a mano, una por una, para que al día siguiente salieran los diarios porteños. Era un oficio de precisión y de jornadas larguísimas, sin horario fijo: se cobraba por línea armada o por jornal, según el taller. Cuando una imprenta decidió bajarles el sueldo y otras patronales empezaron a copiar la medida, los trabajadores respondieron con lo único que tenían: dejar de trabajar todos juntos.
Quién: los obreros tipógrafos de Buenos Aires, agrupados en la Unión Tipográfica Bonaerense. Qué: la primera huelga obrera organizada de la historia argentina, con demandas concretas y negociación colectiva. Cuándo: la medida arrancó el 2 de septiembre de 1878 y se extendió hasta octubre de ese año. Dónde: los talleres gráficos y las redacciones de los principales diarios de Buenos Aires. Por qué: la rebaja salarial impulsada por una imprenta, replicada por otras, y el reclamo de un horario de trabajo fijo.
El antecedente venía de lejos. Desde 1857 existía la Sociedad Tipográfica Bonaerense, un espacio de ayuda mutua para socorrer a sus miembros en caso de enfermedad, pero sin vocación gremial. Recién a fines de 1877 ese agrupamiento se transformó en la Unión Tipográfica Bonaerense, ya con estructura sindical. Menos de un año después, esa organización todavía joven llevó adelante la primera huelga moderna del país: con gremio, pliego de reclamos y negociación frente a los patrones.
El conflicto se extendió durante todo septiembre y parte de octubre. Los diarios más grandes achicaron sus ediciones y pusieron a empleados administrativos a cubrir las tareas de los huelguistas; los periódicos más chicos directamente dejaron de salir. Medios como La Prensa y El Nacional llegaron a intentar contratar tipógrafos en Uruguay para romper la medida, sin éxito.
La huelga la ganaron los trabajadores. Las patronales aceptaron devolver los sueldos originales, fijar una jornada de diez horas en invierno y doce en verano, y excluir del trabajo a los menores de doce años. Fue, en los hechos, el primer convenio colectivo de la historia argentina, arrancado a pulso y sin ninguna ley que respaldara el reclamo: el derecho de huelga ni siquiera estaba escrito todavía.
El hito de 1878 no fue un hecho aislado. Marcó el nacimiento de una tradición sindical que después de la gran inmigración europea se nutrió de ideas socialistas y anarquistas, y que a lo largo de las décadas siguientes protagonizó nuevas huelgas por jornadas más cortas y mejores condiciones. Esa misma tradición, medio siglo más tarde, fue la que sostuvo las huelgas de los panaderos anarquistas que ccomusoc repasó ayer en esta sección: distintos oficios, mismo método, la organización colectiva como única herramienta frente al patrón.
Hoy, a 148 años de aquella asamblea de más de mil obreros en Buenos Aires, la huelga de los tipógrafos sigue siendo, para historiadores del movimiento obrero, el punto de partida del sindicalismo argentino tal como se lo conoce.
Glosario
- Tipógrafo: obrero que armaba a mano, letra por letra, los textos que después se imprimían en diarios y libros.
- Jornal: pago por día trabajado, en lugar de un sueldo fijo mensual.
- Sindicato: organización que agrupa a trabajadores de un mismo oficio para defender sus derechos frente a los empleadores.
- Negociación colectiva: acuerdo entre un grupo de trabajadores organizados y sus patrones sobre condiciones de trabajo, en lugar de negociar cada uno por separado.
- Movimiento obrero: conjunto de organizaciones y luchas de los trabajadores por mejores condiciones laborales a lo largo de la historia.