Los propios creadores de la inteligencia artificial más potente piden que alguien la frene

Dario Amodei dirige Anthropic, una de las empresas que más rápido empuja los límites de la inteligencia artificial. Esta semana firmó, junto a más de 1.100 empleados de las principales compañías del sector, una carta pública pidiendo al gobierno de Estados Unidos que regule el ritmo de esa misma carrera. En Argentina, mientras tanto, ocho de cada diez personas ya usan alguna herramienta de IA sin que exista todavía una ley que la regule.

Dario Amodei ayudó a fundar Anthropic con el objetivo declarado de construir inteligencia artificial cada vez más capaz. El 28 de julio de 2026 firmó una carta abierta, junto a Jakub Pachocki (científico jefe de OpenAI) y Shengjia Zhao (científico jefe de Meta AI), pidiendo exactamente lo contrario de lo que hacen todos los días en sus trabajos: que alguien les ponga un freno.

La carta se llama «Pacing the Frontier» («Marcar el ritmo de la frontera») y ya reunió más de 1.100 firmas de empleados de OpenAI, Anthropic, Google DeepMind, Meta, Microsoft, Mistral, Nvidia y Adobe, entre otras empresas. Fue publicada el 28 de julio y se difundió con fuerza en los días siguientes, hasta superar las 1.200 adhesiones.

El pedido central es que el gobierno de Estados Unidos respalde un esfuerzo internacional para desarrollar herramientas técnicas y mecanismos de gobernanza que permitan frenar deliberadamente el desarrollo de sistemas de IA cada vez más autónomos, antes de que su capacidad supere la posibilidad humana de entenderlos o controlarlos.

El temor central tiene un nombre técnico: automatización de la investigación en IA. Es decir, sistemas de inteligencia artificial que empiecen a mejorar a otros sistemas de inteligencia artificial sin intervención humana, acelerando el proceso hasta un punto donde ya no sea posible supervisarlo.

Un firmante anónimo citado en la cobertura internacional lo explicó así: «Cada pocas semanas hay modelos nuevos que aumentan significativamente las consecuencias de un mal uso o un mal diseño. Me preocupa que los intentos de mitigar esos riesgos no puedan seguirle el ritmo al desarrollo, y que el margen de error se achique cada vez más por la presión de la competencia internacional».

No todos los máximos responsables adhirieron: Sam Altman, CEO de OpenAI, no firmó la carta, aunque sí lo hizo su científico jefe. La Casa Blanca ya mantenía conversaciones con empresas de IA para acordar estándares voluntarios de lanzamiento de nuevos modelos, incluidos parámetros de referencia para sistemas con capacidades potencialmente peligrosas en el plano cibernético.

Esta discusión no es ajena a la Argentina, aunque el país no tenga laboratorios de IA de frontera. Según el WIN World AI Index 2026, una encuesta internacional realizada por la consultora Voices! junto a la red WIN, ocho de cada diez personas en el país ya usan alguna herramienta de inteligencia artificial. Pero la confianza no acompaña ese uso masivo: el 54% desconfía de la información que estas herramientas producen y el 58% teme que alimenten la desinformación.

A diferencia de Estados Unidos, donde la discusión pasa por cómo regular a los gigantes que lideran la carrera, la Argentina todavía no tiene una ley nacional de inteligencia artificial. En el Congreso hay varios proyectos presentados, con propuestas que van desde clasificar los sistemas de IA por nivel de riesgo hasta crear una agencia nacional específica, y tienen entre sus impulsores a legisladores como Silvia Sapag, Daniel Gollán y Claudio Martín Doñate. Ninguno de esos proyectos tiene, por ahora, fecha de tratamiento en comisión.

La carta de los propios trabajadores de la industria no frena nada por sí sola: es una declaración de intención, no una norma. Pero pone en primer plano una pregunta que ya no es solo técnica, sino social: quién decide cuánto puede acelerar una tecnología que, según la propia gente que la construye, empieza a mostrar señales de escapar a su control.

Glosario

  • Inteligencia artificial (IA): programas de computadora capaces de realizar tareas que antes solo hacían las personas, como escribir textos, reconocer imágenes o tomar decisiones a partir de datos.
  • Laboratorio de IA de frontera: nombre que se usa para las empresas que desarrollan los sistemas de inteligencia artificial más avanzados que existen, como OpenAI, Anthropic, Google DeepMind o Meta AI.
  • Gobernanza: conjunto de reglas, acuerdos e instituciones que definen cómo se toman las decisiones sobre un tema, en este caso, cómo y quién controla el avance de la inteligencia artificial.
  • Automatización de la investigación en IA: que una inteligencia artificial empiece a diseñar o mejorar a otras inteligencias artificiales sin que una persona supervise cada paso del proceso.
  • Desinformación: información falsa o engañosa que circula como si fuera verdadera, y que puede confundir a quien la recibe.

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