En el Colegio Nacional de Buenos Aires, los estudiantes pararon las clases por un día para exigir un protocolo contra la violencia de género

El jueves pasado, un grupo de alumnos del colegio preuniversitario más antiguo del país decidió no volver a clases y permanecer en el edificio después del turno tarde. Reclamaban la aplicación plena de la Educación Sexual Integral y un protocolo institucional para los casos de violencia de género que, según denuncian, no tuvieron respuesta durante este año.

El jueves 10 de septiembre, en las aulas del Colegio Nacional de Buenos Aires (CNBA), un grupo de estudiantes resolvió no asistir a clases y quedarse en el establecimiento una vez terminado el turno tarde. No fue una decisión espontánea: horas antes habían votado sostener la medida y, a las 15.30, definieron si la continuaban.

El reclamo tuvo un eje concreto: la aplicación completa de la Educación Sexual Integral (ESI), la puesta en marcha de un protocolo institucional contra la violencia de género y la creación de espacios de acompañamiento y contención para quienes atraviesan esas situaciones. Los estudiantes sostienen que, durante este año, se registraron casos de violencia de género que no tuvieron una respuesta adecuada de las autoridades del colegio.

El CNBA es una de las instituciones educativas más antiguas y prestigiosas de la Argentina. Funciona en pleno San Telmo, depende de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y forma parte del reducido grupo de escuelas preuniversitarias del país. Esa dependencia académica no es un dato menor: buena parte de los reclamos de sus estudiantes terminan discutiéndose puertas adentro de la UBA, no del Ministerio de Educación porteño.

La medida de este jueves no surgió de la nada. En julio, la comunidad educativa del CNBA y de la Escuela Superior de Comercio Carlos Pellegrini se enteró de que un grupo de ocho estudiantes, de entre 13 y 14 años, había usado aplicaciones de inteligencia artificial para generar imágenes falsas de compañeras desnudas a partir de fotos reales sacadas de redes sociales, y las había compartido y comercializado en un grupo de WhatsApp. El colegio activó protocolos por violencia digital de género y suspendió a los alumnos identificados, mientras unos 40 estudiantes se movilizaron el día en que los acusados volvieron a la institución con sus familias.

Meses antes, en enero, tres graduadas habían identificado públicamente durante su acto de colación a docentes, preceptores y autoridades por hechos de violencia de género ocurridos durante su paso por el colegio. Y no es la primera vez que el CNBA atraviesa un conflicto de este tipo: en 2022, el Centro de Estudiantes ya había tomado el edificio para exigir el traslado de un docente denunciado y de un empleado de maestranza condenado por abuso sexual de una menor, lo que derivó en compromisos institucionales de capacitación obligatoria en género para el personal.

La rectora del colegio, Valeria Bergman, lamentó que la medida se llevara adelante mientras —según su versión— «se encuentran abiertos todos los canales democráticos institucionales de diálogo», y pidió a las familias conversar con sus hijos sobre las implicancias de este tipo de medidas. Desde 2018, el CNBA cuenta con una oficina de género dependiente de la UBA a la que los estudiantes pueden acudir para hacer denuncias, ser escuchados de manera confidencial y recibir acompañamiento psicológico.

La medida de fuerza se levantó esa misma tarde. No hubo, hasta el momento, un anuncio público de un nuevo protocolo formal que responda punto por punto al petitorio estudiantil, más allá de los canales de diálogo que la conducción del colegio dice tener disponibles.

El episodio se suma a un año particularmente tenso para el CNBA, que en mayo también había sido escenario de otra toma —esa vez por el financiamiento universitario— y que en 2026 volvió a poner en el centro de la escena un debate que excede a esta escuela: qué mecanismos concretos tienen las instituciones educativas argentinas para prevenir y responder a la violencia de género entre adolescentes, sobre todo cuando el conflicto se traslada a entornos digitales.

Glosario

  • ESI (Educación Sexual Integral): ley nacional que obliga a todas las escuelas del país a enseñar contenidos sobre cuerpo, género, afectividad y derechos, adaptados a cada edad.
  • Toma: medida de fuerza en la que estudiantes ocupan el edificio escolar y no dejan entrar a las clases habituales, como forma de protesta.
  • Protocolo contra la violencia de género: conjunto de pasos que una institución se compromete a seguir cuando recibe una denuncia de este tipo, para acompañar a la víctima e investigar el hecho.
  • Deepfake: imagen o video falso creado con inteligencia artificial que simula que una persona real dijo o hizo algo que nunca ocurrió.
  • Preuniversitario: colegio secundario que depende de una universidad pública, en este caso de la UBA, en lugar de depender directamente del Ministerio de Educación.

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