La Ciudad de Buenos Aires prohibió de forma absoluta y permanente el uso de pirotecnia con efecto audible. El anuncio lo realizó el jefe de Gobierno, Jorge Macri, el pasado 19 de diciembre de 2025, a pocos días de las fiestas, pero con alcance que se extiende más allá del calendario festivo.
La decisión se apoya en evidencia sanitaria y en un reclamo social sostenido. El ruido de la pirotecnia impacta de manera directa en personas mayores, bebés, personas con Trastorno del Espectro Autista (TEA) y animales, generando crisis sensoriales, estrés agudo y accidentes. Hospitales públicos y áreas de salud reportaron, en distritos con restricciones previas, una disminución de lesiones graves vinculadas al uso de explosivos.
La medida porteña se alinea con una tendencia federal que se expandió durante 2025. Provincias y municipios de todo el país avanzaron con leyes y ordenanzas que prohíben la pirotecnia sonora, refuerzan controles, habilitan canales anónimos de denuncia y aplican multas elevadas. En algunos casos, como Neuquén, las sanciones alcanzan montos millonarios; en otros, como Misiones o Ushuaia, rige la prohibición total desde hace años.
En CABA, el cambio también impacta en eventos deportivos y espectáculos, que ya no podrán utilizar pirotecnia sonora. En paralelo, se promueve el uso de pirotecnia lumínica de bajo impacto, como alternativa sin estruendo.
A diferencia de debates pasados, la prohibición reúne hoy un amplio consenso entre ONGs, familias, profesionales de la salud y gobiernos locales. El mensaje es claro: celebrar sin ruido también es una política pública de cuidado.