Un chico de diez años que arranca quinto grado en una escuela pública porteña este año va a tener, por primera vez, un permiso oficial para pedirle ayuda a una inteligencia artificial en el aula. No va a estar solo: lo va a hacer con una cuenta institucional y bajo la mirada de su maestro. El Gobierno de la Ciudad convirtió la enseñanza de la IA en contenido obligatorio para primaria y secundaria, mientras la evidencia científica sobre sus efectos en el aprendizaje todavía es parcial.
El Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires anunció el martes 18 de agosto que la inteligencia artificial pasará a ser un contenido obligatorio en todas las escuelas primarias y secundarias porteñas, tanto públicas como privadas. El anuncio lo hicieron el jefe de Gobierno, Jorge Macri, y la ministra de Educación, Mercedes Miguel, en el marco del plan «Buenos Aires Aprende».
La propuesta es progresiva. En primero, segundo y tercer grado, los chicos y chicas van a aprender qué es la inteligencia artificial y dónde aparece en su vida cotidiana, sin usarla de forma directa. Desde cuarto grado empieza la exploración guiada en grupo y, a partir de quinto grado, la Ciudad habilita el uso supervisado de Gemini, la inteligencia artificial de Google, como «asistente pedagógico» dentro de una cuenta institucional (no personal), pensada para proteger los datos de los estudiantes. En la secundaria, el uso se profundiza hacia proyectos de investigación y producción de contenidos.
La ministra Miguel explicó que «la inteligencia artificial ya es parte de nuestras vidas. Y la escuela tiene un rol fundamental: enseñar a usarla con criterio, responsabilidad y cuidado». Según datos de Kids Online Argentina que citó la Ciudad, el 58% de los chicos y chicas de 9 a 17 años ya usa herramientas de inteligencia artificial, y dos de cada tres lo hace para tareas escolares. Macri calificó la medida como «un paso histórico» y dijo que busca que la IA funcione como «un puente hacia el futuro» para los estudiantes, dentro de un marco de cuidado.
Este anuncio no aparece de manera aislada. El 12 de agosto, un día antes de que ccomusoc publicara la nota sobre la capacitación docente en IA, la Ciudad había reunido a todos sus maestros y maestras en una jornada institucional para formarlos en el uso de estas herramientas: ya son más de 30.000 los y las docentes capacitados. Aquella nota señalaba que esa capacitación se daba «en medio del conflicto abierto con los gremios». Ese conflicto —motorizado por Ademys y UTE, que en agosto llevaron adelante paros por cambios al Estatuto Docente y por la reforma BA Aprende— sigue vigente, pero hasta el momento no se registraron cuestionamientos gremiales específicos dirigidos a la obligatoriedad de la enseñanza de IA en sí misma, a diferencia de otros puntos de esa misma reforma.
La medida también choca con un dato que vale la pena poner en perspectiva. La Ciudad habilita el uso supervisado de IA generativa desde los diez u once años (quinto grado). La UNESCO, en cambio, recomienda los 13 años como edad mínima para el uso independiente de este tipo de herramientas, por motivos de protección de datos y de desarrollo cognitivo. La diferencia no invalida la propuesta porteña —que plantea un uso acompañado y no independiente—, pero marca una distancia real entre el estándar internacional y la edad de arranque elegida en la Ciudad.
La evidencia científica sobre el impacto de la IA en el aprendizaje, además, todavía es dispar. Una revisión de 258 estudios académicos encontró que las herramientas de tutoría inteligente pueden tener efectos moderados y positivos en el rendimiento cuando se usan como complemento pedagógico. Pero otro análisis, sobre 58 estudios, encontró que el 65,5% reportó problemas de «aprendizaje superficial» asociados al uso excesivo de estas herramientas, con chicos que delegan en la tecnología procesos que deberían resolver por sí mismos.
Fabio Tarasow, licenciado en Ciencias de la Educación de la UBA consultado por el medio de verificación Chequeado, resumió esa incertidumbre: «Las consecuencias las vamos a saber a largo plazo, no ahora. Sí lo que sabemos es que la IA requiere de una utilización cuidadosa, planeada para que ayude a desarrollar capacidad, y no para agarrar atajos». En la misma línea, el investigador Alejandro Artopoulos, de la Universidad de San Andrés, advirtió que el uso conversacional de estas herramientas puede afectar la lecto-escritura y el pensamiento crítico, aunque reconoció usos positivos cuando se orientan a la fluidez lectora.
Glosario
- Inteligencia artificial generativa: tecnología capaz de crear textos, imágenes o respuestas nuevas a partir de lo que se le pide, como Gemini de Google o ChatGPT.
- Alucinación (de una IA): cuando una inteligencia artificial da una respuesta que suena convincente pero es falsa o inventada.
- UNESCO: organismo de las Naciones Unidas dedicado a educación, ciencia y cultura, que elabora recomendaciones internacionales sobre estos temas.
- Descarga cognitiva: cuando una persona delega en una herramienta (como una IA) un proceso mental que antes hacía por sí misma, como pensar o resolver un problema.