El 8 de junio de 1970 la Junta de Comandantes de las Fuerzas Armadas citó al general Juan Carlos Onganía para sacarlo del poder que él mismo había tomado por la fuerza en 1966. No hubo urnas ni protesta en la calle: fueron los mismos militares que lo habían puesto quienes decidieron destituirlo.
El 8 de junio de 1970, la Junta de Comandantes en Jefe de las Fuerzas Armadas argentinas destituyó al teniente general Juan Carlos Onganía, presidente de facto desde el golpe de Estado de 1966. La junta estaba integrada por el general Alejandro Lanusse, el almirante Pedro Gnavi y el brigadier Carlos Rey. No fue un golpe ciudadano: fue el mismo partido militar que lo había puesto en el poder el que lo sacó.
El anuncio se precipitó por el secuestro y asesinato del general Pedro Eugenio Aramburu, ocurrido el 29 de mayo de 1970. Los comandantes sostuvieron que Onganía era partidario de prolongar indefinidamente el proceso militar, mientras ellos planteaban la necesidad de una salida democrática. A fines de mayo de 1970, Onganía había declarado que su gestión debía prolongarse varios años para tener éxito. Esa postura, sumada al asesinato de Aramburu, aceleró su caída. El 8 de junio la situación hizo crisis y el presidente debió renunciar ante el requerimiento de la Junta.
La «Revolución Argentina» era el nombre con el que se había bautizado la dictadura cívico-militar que derrocó al presidente constitucional Arturo Illia en 1966. A diferencia de golpes anteriores, no se presentó como provisional: pretendió instalarse como un nuevo sistema dictatorial permanente. Era, en pocas palabras, una dictadura que no pensaba irse.
La alta conflictividad política y social que generó ese régimen incluyó una fuga de cerebros, puebladas insurreccionales, la aparición de organizaciones guerrilleras y luchas internas que produjeron dos golpes palaciegos. Por el poder pasaron tres dictadores: Onganía (1966-1970), Roberto Levingston (1970-1971) y Alejandro Lanusse (1971-1973). En 1969 ya había estallado en Córdoba un enorme movimiento de protesta social, conocido como el Cordobazo, con obreros industriales, empleados estatales y estudiantes universitarios. Fue la primera gran señal de que el régimen se caía a pedazos.
Hay causas que se mencionan poco. El propio Aramburu, antes de ser secuestrado, había comenzado 1970 en reuniones con influyentes sectores empresariales, trabajando para desgastar políticamente a Onganía. Incluso se habló de una fecha tentativa para un golpe contra el dictador: el 10 de junio de 1970. Un emisario suyo se reunió con el jefe del Ejército, Lanusse, para plantearle la urgencia de derribar al presidente. El asesinato de Aramburu aceleró los tiempos, pero el plan para desplazar a Onganía ya estaba en marcha.
En las reuniones donde se definió quién sucedería a Onganía, el almirante Gnavi —que había trabajado con el general Levingston en la SIDE— propuso su nombre, y el brigadier Rey lo aceptó de inmediato para bloquear las propias ambiciones de Lanusse. Levingston no pertenecía a los círculos más expuestos del poder: su función como agregado militar en Washington lo mantenía alejado de las disputas internas. Era, en definitiva, una pieza conveniente para los distintos sectores en pugna.
Ese 8 de junio de 1970, la Junta designó en el lugar de Onganía al general Roberto Marcelo Levingston, un desconocido militar de inteligencia que por entonces cumplía funciones en los Estados Unidos. El 18 de ese mes asumió el cargo, y se convirtió en el primer puntano en llegar al sillón de Rivadavia.
El ciclo de la «Revolución Argentina» agudizó los conflictos que supuestamente vino a disipar. El problema del desarrollo no se resolvió: la economía quedó atrapada en la inflación descontrolada. El desorden social en 1973 era mayor que en 1966. Tras la caída de Onganía se inició un acercamiento político entre Juan Domingo Perón y Ricardo Balbín, las máximas expresiones de los sectores peronista y antiperonista en que el país se había dividido desde 1945. El camino hacia las elecciones de 1973 comenzó, paradójicamente, con un dictador expulsado por otros dictadores.
Glosario
- Gobierno de facto: Gobierno que ejerce el poder sin haber sido elegido por la ciudadanía. Llega al poder por la fuerza, generalmente a través de un golpe de Estado.
- Golpe palaciego: Cambio de gobierno que ocurre dentro del propio grupo que detenta el poder.
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