En enero de 2013, un grupo armado quemó miles de manuscritos históricos en Tombuctú, Mali. Pero la mayor parte del tesoro ya había sido rescatada en secreto por vecinos y bibliotecarios que arriesgaron sus vidas.
En enero de 2013, en la ciudad de Tombuctú, al norte de Mali, un grupo de quince yihadistas entró a la biblioteca del Instituto Ahmed Baba. Tomaron más de 4.000 manuscritos, los sacaron al patio, los rociaron con gasolina y les prendieron fuego. El mundo se horrorizó. Pero la historia tenía otro lado.
Las autoridades pronto descubrieron que la gran mayoría de los manuscritos ya estaba a salvo, lejos del alcance de los militantes. Liderado por el bibliógrafo y nativo de Tombuctú Abdel Kader Haidara, un equipo de académicos, bibliotecarios y colaboradores había retirado en secreto cerca de 350.000 manuscritos de la ciudad.
En pocos minutos, el trabajo de siglos —tratados sobre matemáticas, física, química, música, poesía y astronomía— fue consumido por las llamas. Pero solo una parte. El resto sobrevivió gracias a un esfuerzo colectivo extraordinario.
Esta historia se recuerda especialmente en el Día Internacional del Libro, que se celebra cada 23 de abril. Es una conmemoración mundial con el objetivo de fomentar la lectura, la industria editorial y la protección de la propiedad intelectual. Desde 1988, es una celebración promovida por la UNESCO. Esa fecha fue elegida porque en 1616 fallecieron Cervantes, Shakespeare e Inca Garcilaso de la Vega.
Fundada en el siglo XI por nómadas tuareg, Tombuctú fue el eje del Imperio Mali. Mereció el apodo de «ciudad misteriosa» y fue considerada «la Atenas de África». Durante siglos, fue un centro extraordinario en el corazón de redes de comercio, peregrinación y conocimiento. En su apogeo medieval, la ciudad era un nudo entre el comercio que llegaba por el río Níger y las caravanas que cruzaban el Sahara.
El Instituto Ahmed Baba atesora 30.000 manuscritos. La ciudad y sus alrededores son un archivo de textos escritos a mano en árabe y en lenguas africanas, realizados entre el siglo XIII y el siglo XX. Este patrimonio es importante porque, entre otras razones, refuta la idea de que las culturas negras africanas fueron exclusivamente orales.
En la primavera de 2012, combatientes islamistas tomaron la ciudad de Tombuctú. Cerca, Libia estaba en convulsión tras la caída del dictador Muamar Gadafi. Un golpe militar hundía a Mali en el caos. En ese vacío de poder, bandas de rebeldes tuareg y militantes islamistas tomaron el control del norte del país.
Lo que pocos mencionan es que detrás de la destrucción había una disputa religiosa interna. El wahabismo —corriente ultraconservadora del Islam— ve en la mística sufí un acto de idolatría. En Mali y países vecinos, el conflicto fue una lucha entre dos visiones opuestas de la misma religión. Los manuscritos quemados representaban precisamente esa versión del Islam tolerante y diversa que los extremistas querían borrar.
Haidara buscó la ayuda financiera de organizaciones no gubernamentales y convenció a la UNESCO de que permaneciera en silencio, preocupado de que sus declaraciones pudieran poner a los libros en un peligro aún mayor. En un esfuerzo comunitario masivo, los baúles llenos de libros fueron sacados de la ciudad durante los meses siguientes, baúl tras baúl. Quienes los transportaban se enfrentaban a puestos de control y eran detenidos.
Los textos fueron llevados al sur, a la capital Bamako, en jeeps, canoas y carretas, a menudo escondidos bajo cajones de frutas y verduras. A pesar de las amenazas, para principios de 2013, 350.000 volúmenes habían sido reubicados de forma segura fuera de Tombuctú.
El daño fue real pero acotado. Lo que quemaron los radicales fueron varios cientos de manuscritos que ya habían sido digitalizados, por lo que su contenido no se perdió del todo. Sin embargo, los manuscritos originales quemados son una pérdida irreparable para la humanidad.
Lo que ocurrió en Tombuctú muestra que el conocimiento puede sobrevivir cuando una comunidad decide defenderlo. En el Día del Libro, esta historia es un recordatorio concreto de por qué los libros importan: no como objetos, sino como memoria colectiva de los pueblos.
Glosario
Manuscrito: Texto escrito a mano, generalmente antiguo, que no fue impreso en imprenta.
Yihadista: Miembro de un grupo armado que usa una interpretación extrema del Islam para justificar sus acciones.
Wahabismo: Corriente muy estricta del Islam.