Casi la mitad de los argentinos siente que su dinero no alcanza, aunque no sean pobres según las estadísticas

Un informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (ODSA-UCA), presentado en febrero de 2026, encontró que el 46% de la población argentina vive con la sensación de que sus ingresos no alcanzan para cubrir lo básico, aunque las estadísticas oficiales no los cuenten como pobres. En los hogares del estrato más bajo, esa sensación llega a 7 de cada 10.

El Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (ODSA-UCA) presentó en febrero de 2026 su informe «Estabilización, nuevo ciclo y deudas sociales persistentes en una Argentina en transición». El documento introduce una distinción clave entre la pobreza medida por ingresos y lo que llama «estrés económico»: el 46% de la población manifiesta vivir bajo esas condiciones, es decir, percibe una incapacidad real para cubrir sus necesidades básicas, más allá de si sus ingresos los ubican técnicamente por encima de la línea de pobreza.

A pesar de la desaceleración de la inflación y de una leve recomposición de algunos salarios de sectores privilegiados, el sentimiento de privación económica no cedió en la misma proporción. En el estrato socioeconómico más bajo, esta percepción de asfixia financiera alcanza a 7 de cada 10 hogares.

Según el mismo relevamiento de febrero de 2026, el 39% de los hogares proyecta que la situación económica empeorará este año. El pesimismo se agudiza en los sectores más vulnerables: mientras en el estrato medio-alto lo anticipa el 31,5%, en los hogares de nivel muy bajo esa cifra trepa al 49,1%. A eso se suma que el 43,4% de los encuestados cree estar peor que sus padres, lo que refleja una sensación extendida de retroceso generacional.

El concepto de «estrés económico» no es nuevo en el debate académico, pero su uso como indicador sistemático gana terreno en Argentina. El informe sostiene que el actual régimen económico logró desacelerar la inflación y recomponer el superávit fiscal, pero ese ordenamiento convive con una estructura social heterogénea, donde el 30% de la población permanece atrapado en condiciones crónicas de vulnerabilidad. Esta tensión entre estabilización macroeconómica y malestar cotidiano viene siendo documentada por la UCA desde hace más de una década.

La pobreza monetaria mostró una caída hacia 2025, según la Encuesta Permanente de Hogares. Sin embargo, el ODSA advierte que esa mejora podría estar «sobrerrepresentada» por cambios en la forma en que la encuesta oficial capta los ingresos. Al comparar sus propios datos, el Observatorio concluye que la reducción fue real, pero menor a la reflejada por la medición oficial.

Detrás del estrés económico hay causas que los titulares suelen omitir. La situación se agravó en un mercado de trabajo precarizado, con más cuentapropistas y monotributistas. La estabilización macroeconómica no llegó todavía a las mesas de los sectores que dependen de la economía informal y la asistencia social. Además, el indicador de estrés es particularmente crítico en los hogares con niños y adolescentes. Mientras que la protección social y las jubilaciones contuvieron la vulnerabilidad en los adultos mayores, «la infantilización de la pobreza sigue siendo la deuda más pesada de la transición».

En cuanto a la salud, el 32,6% de los hogares presenta algún tipo de privación en el acceso a recursos sanitarios. Esto incluye tanto la imposibilidad de pagar medicamentos como el colapso en la atención del sistema público, que debe absorber a quienes pierden la cobertura de medicina prepaga o de obras sociales.

La estabilización macroeconómica constituye una condición necesaria pero no suficiente. Sin mecanismos inclusivos de transición y políticas activas de integración social y territorial, el riesgo es avanzar hacia un orden más desigual, con menor movilidad ascendente y amplios sectores disciplinados por la supervivencia más que integrados por oportunidades. Sin una estrategia explícita de inversión para expandir el entramado pyme, formalizar actividades informales y fortalecer el capital humano, la estabilización podría derivar en una sociedad más fragmentada.

Glosario

  • Estrés económico: Sensación de que el dinero que entra al hogar no alcanza para pagar las necesidades más básicas, como comida, salud o vivienda. No depende de un número oficial, sino de lo que vive cada familia.
  • Línea de pobreza: Valor monetario que define cuánto dinero mínimo necesita una persona o familia para vivir. Quienes ganan menos que ese monto son considerados «pobres» por las estadísticas oficiales.
  • Indicador multidimensional: Forma de medir la pobreza que va más allá del dinero: también considera el acceso a salud, educación, vivienda digna y otros derechos básicos.

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Guido Olivera
4 months ago

La tarjeta de credito me esta matando 🤦‍♂️

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