Estados Unidos: del «Make America Great Again» al país que muchos artistas ya no quieren pisar

Brian May, guitarrista de Queen, lo dijo sin rodeos: Estados Unidos se volvió «un lugar peligroso» para salir de gira. No es el único. Músicos como Christian Tetzlaff, András Schiff, Roger Waters y Neil Young también alertan sobre el clima social del país, mientras crecen la violencia armada, la crisis de opioides y la pobreza urbana.

Estados Unidos fue durante décadas el destino soñado para cualquier artista internacional. Tocar en Nueva York, Los Ángeles o Chicago era sinónimo de consagración, mercado, prestigio y visibilidad global.

Pero en las últimas semanas, declaraciones de músicos de primer nivel pusieron en el centro de la escena la profundidad de la crisis social del país. ¿Qué está pasando en Estados Unidos para que artistas de esa magnitud decidan no ir?

Brian May, guitarrista de Queen, fue directo: dijo que el país se volvió «un lugar peligroso» para salir de gira. No habló de boicots ideológicos ni de campañas políticas, sino de clima social, violencia y riesgo concreto.

Esa declaración sienta un precedente para quienes todavía insisten en minimizar la gravedad de la situación.

El trasfondo es una violencia armada estructural: Estados Unidos concentra más del 40% de las armas civiles del planeta. A eso se suman tiroteos masivos recurrentes, una crisis de consumo de opioides y fentanilo que provoca decenas de miles de muertes por año, y una expansión visible de la pobreza urbana, incluso en ciudades históricamente ricas.

Un país que empieza a generar rechazo

La consigna trumpista «Make America Great Again» prometía orden, prosperidad y seguridad. Pero la imagen que hoy circula globalmente es otra: conflictos armados en plena vía pública, violencia contra niños, consumo masivo de drogas duras, personas viviendo en situación extrema en barrios enteros, y aumento de la pobreza y la miseria.

Son escenas que, durante años, Estados Unidos utilizó para estigmatizar a los países del llamado «tercer mundo». Hoy aparecen dentro de sus propias fronteras, y ya no son excepciones aisladas: forman parte de un paisaje cotidiano que circula en redes, medios y testimonios directos.

Los artistas dicen «no»

Queen no es un caso aislado. Artistas históricos, con décadas de trayectoria y peso cultural real, empezaron a cancelar fechas, evitar giras o expresar abiertamente su rechazo a tocar en Estados Unidos en este contexto.

El violinista alemán Christian Tetzlaff, una de las máximas figuras de la música clásica contemporánea, canceló una gira completa por Estados Unidos al considerar que el clima político y social del país era incompatible con su conciencia y con el sentido del arte.

El pianista András Schiff, referente absoluto de la música académica mundial, tomó una decisión similar: dejó de presentarse en Estados Unidos por razones políticas y sociales, y marcó que no se trataba de una cuestión de logística sino de valores.

En el rock, Roger Waters, cofundador de Pink Floyd y una de las figuras más influyentes de la historia de la música popular, señaló reiteradamente que Estados Unidos atraviesa un proceso de degradación social y política que vuelve cada vez más problemático tocar allí. Aunque todavía se presenta en el país, su postura es clara y sostenida.

Incluso artistas estadounidenses históricos, como Neil Young, expresaron públicamente vergüenza y preocupación por el rumbo del país, cuestionando el relato de grandeza frente a una realidad marcada por violencia, exclusión y deterioro social.

Cuando quienes viven de girar por el mundo empiezan a evitar un país, algo estructural anda muy mal.

El impacto cultural y simbólico

Que Estados Unidos deje de ser un destino deseado no es solamente un problema para la industria musical. La cultura suele ser el primer termómetro del deterioro social: artistas, periodistas y creadores detectan antes lo que después aparece en las estadísticas.

Hoy, nombrar a Estados Unidos ya no genera automáticamente admiración. En muchos sectores genera desconfianza, alerta o rechazo. Y eso tiene consecuencias: menos giras, menos intercambio cultural, menos presencia simbólica positiva.

Del relato de grandeza a la realidad

El contraste es fuerte. Mientras el discurso político insiste en la grandeza, la realidad muestra un país empobrecido, atravesado por violencia estructural, desigualdad extrema y un Estado que prioriza el control antes que la protección. Un país que, en pleno 2026, recurre a la guerra y a la intervención externa porque no logra resolver lo propio.

Estados Unidos no se está «volviendo como» esos países que durante décadas miró por encima del hombro. Está reproduciendo, puertas adentro, las mismas condiciones que decía combatir afuera.

Y cuando los artistas empiezan a decir «no vamos», el mensaje es claro: no es solo una crisis política. Es una crisis de sentido.

La industria musical aporta más de 170.000 millones de dólares anuales al PIB estadounidense, sostiene millones de empleos y proyecta una imagen simbólica del país hacia el mundo. Sin embargo, ese mismo país que se beneficia económica y culturalmente de la música hoy pierde atractivo como territorio para producirla y compartirla en vivo.

Cuando artistas históricos deciden no pisar suelo estadounidense, empieza a perderse algo difícil de recuperar: legitimidad, confianza y deseo. Y sin eso, ningún mercado, por grande que sea, alcanza para sostener el relato de grandeza.

Glosario

  • Opioides: sustancias usadas como analgésicos que generan alta adicción; su consumo descontrolado es una de las principales crisis sanitarias de Estados Unidos.
  • Fentanilo: droga opioide sintética muy potente, señalada en el texto como causante de decenas de miles de muertes por año en Estados Unidos.
  • PIB (Producto Interno Bruto): valor total de los bienes y servicios que produce un país en un año; sirve para medir el tamaño de su economía.

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