SIETE DE CADA DIEZ JÓVENES TRABAJAN SIN DERECHOS: LA INFORMALIDAD LABORAL MARCA UN RÉCORD EN ARGENTINA

El 67% de los trabajadores de entre 16 y 24 años está en la informalidad, según datos del segundo trimestre de 2025. Sin obra social, sin jubilación y sin protección legal, millones de jóvenes empiezan su vida laboral sin red de contención.

Un informe del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP) de la Universidad de Buenos Aires encendió una señal de alerta. En el segundo trimestre de 2025, la tasa de informalidad entre quienes tienen entre 16 y 24 años alcanzó el 67%, casi 24 puntos porcentuales por encima del promedio general. El dato surge de la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC y fue elaborado por los investigadores Roxana Maurizio y Luis Beccaria.

La informalidad afecta especialmente a los trabajadores de 16 a 24 años, donde la tasa alcanza el 63% —21 puntos porcentuales por encima del promedio general—. Esto implica que seis de cada diez jóvenes en el mercado laboral carecen de protección social y derechos laborales básicos. En términos concretos: trabajan sin recibo de sueldo, sin aportes jubilatorios y sin cobertura médica.

La informalidad laboral es un problema estructural en el país, pero cuando se mira a los jóvenes, el panorama es aún más preocupante. En Argentina, el 58% de los varones jóvenes y el 60% de las mujeres jóvenes trabajan en condiciones informales. Esto no solo los deja fuera de los sistemas de protección social, sino que también limita sus oportunidades de crecimiento profesional y personal.

En el segundo trimestre de 2025, el 38% de los trabajadores informales eran pobres, una proporción que se desploma al 5% cuando se trata de trabajadores formales. La ecuación es simple y brutal: sin trabajo registrado, más posibilidades de ser pobre.

La Argentina no es la excepción regional, pero sí está entre los peores. A nivel regional, la Argentina superó la media de informalidad juvenil de América Latina y el Caribe. Según datos del programa FORLAC, la tasa promedio regional para el grupo etario de 15 a 24 años fue del 54,4%, mientras que en Argentina se ubicó en el 68%. Este problema no es nuevo ni circunstancial. Más allá de las oscilaciones coyunturales, la informalidad asalariada se mantiene en niveles elevados desde hace más de 17 años. Es el valor más alto desde el cuarto trimestre de 2008, con la única excepción del segundo trimestre de 2022.

El problema tampoco es homogéneo dentro del país. La Patagonia exhibe los niveles más bajos de informalidad, con tasas cercanas al 25%, mientras que el Noroeste, el Nordeste y Cuyo superan el 48%. Los jóvenes que viven lejos de los grandes centros urbanos parten con una desventaja todavía mayor.

Hay causas que se mencionan poco pero que explican mucho. El 80% de los trabajadores informales se concentra en microempresas de menos de 10 empleados, un sector que enfrenta grandes dificultades para soportar los costos de la formalidad. Muchos empleadores pequeños no registran a sus trabajadores no por mala fe, sino porque los costos laborales los superan. La situación obliga a muchos jóvenes a abandonar la escuela para empezar a trabajar y contribuir a la economía del hogar, generalmente con salarios que apenas llegan al mínimo, que están por debajo de la canasta básica de subsistencia. Es decir: la necesidad urgente de ingresos lleva a aceptar cualquier trabajo, aunque sea sin derechos. Además, el 43% de los jóvenes de barrios populares trabajó por primera vez cuando tenía 15 años o menos y el 90% lo hace en la informalidad. Entrar joven y mal al mercado laboral deja una marca difícil de borrar.

El nivel educativo es un factor determinante: los asalariados con estudios universitarios completos tienen una tasa de informalidad del 15%, frente al 56,4% de aquellos que no completaron el nivel secundario. Quienes abandonan la escuela para trabajar quedan atrapados en empleos precarios que no les permiten estudiar. El círculo se cierra sobre sí mismo.

Las nuevas tecnologías y la inteligencia artificial están transformando los modos de inserción laboral, especialmente entre los jóvenes. Si bien estas transformaciones pueden generar nuevos riesgos, también ofrecen oportunidades que, de ser acompañadas por políticas inclusivas, podrían favorecer el acceso a empleos formales. Sin embargo, esas políticas todavía no existen a escala suficiente. Sin un mercado laboral que garantice derechos y estabilidad, la desigualdad persistirá y la pobreza será difícil de erradicar. La formalización del empleo no solo beneficiaría a los trabajadores, sino que también fortalecería el sistema previsional y la recaudación fiscal, permitiendo una mayor inversión en políticas sociales.

Glosario

Empleo informal: Trabajo que se realiza sin registro oficial. El empleador no realiza aportes al sistema de seguridad social, por lo que el trabajador no tiene jubilación, obra social ni protección legal.

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