Comunicación y poder: quién decide qué se dice

La comunicación no es un mero proceso técnico, sino una disputa por el poder. Como decía el pensador argentino Horacio González, la palabra es el territorio donde se define quién tiene derecho a existir y quién no. Pero pensemos en algunos de los siguientes conceptos clave para entender esta tensión…

La Agenda Mediática: El «qué pensar»
La comunicación estratégica entiende que los grandes medios no nos dicen cómo pensar, pero sí nos imponen sobre qué temas debemos hablar.
En Argentina, la agenda suele estar «centralizada» en Buenos Aires. Lo que pasa en una provincia o en un barrio profundo solo llega a la agenda nacional si es una tragedia o un escándalo. Esto genera una distorsión de la realidad nacional.

Concentración de Medios: El monopolio del sentido
Sudamérica tiene uno de los índices de concentración mediática más altos del mundo.
Pocas manos, muchas voces, esto significa que cuando un solo grupo empresarial es dueño de la radio, la TV, el diario y el proveedor de internet, la diversidad de voces desaparece.
El riesgo es que la comunicación deja de ser un derecho humano y se convierte en una mercancía. Quien decide qué se dice es el interés comercial o político del dueño, no la necesidad social de información.

Invisibilización de Territorios: Lo que no se nombra, no existe
Desde la comunicación para el desarrollo, denunciamos que los grandes medios suelen representar a los territorios populares de dos formas, por la carencia (pobreza) o por el delito (peligrosidad).
Se invisibiliza la potencia creativa, la organización comunitaria y los saberes locales.
Como consecuencia, si un territorio es invisible para los medios, es más fácil que el Estado no invierta allí o que las empresas vulneren sus derechos ambientales sin costo social.

Quién habla y quién queda fuera: El sujeto silenciado
La pregunta estratégica es siempre ¿Quién tiene el micrófono?
En esto entra la élite de expertos, generalmente, en la TV o los diarios hablan «los que saben» (economistas, políticos, analistas) sobre personas que nunca tienen la oportunidad de explicarse a sí mismas. Por eso la comunicación para el desarrollo busca romper con el paternalismo y el «ventriloquismo social» (que otros hablen por nosotros). El objetivo es que el campesino, el trabajador precarizado o la mujer que carga sola con las tareas de cuidado hablen en primera persona.

Comunicación y Poder en la práctica. Para resolver este desequilibrio, en Argentina se trabaja con dos estrategias, una es la contra-información como crear medios propios (radios comunitarias, portales autogestivos) para decir lo que los grandes medios callan. Otra es la incidencia en políticas que trata de pelear por leyes (como fue la Ley de Medios en su momento) que garanticen que el espectro radioeléctrico no sea solo para los que tienen dinero, sino también para los sectores sin fines de lucro (el conocido 33%»).

En nuestra región, democratizar la comunicación es democratizar el poder. Si solo unos pocos deciden qué se dice, la democracia es incompleta.

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