Con el bono incluido, la jubilación mínima de mayo llegó a $463.174,10: menos de un tercio de lo que necesita una familia de cuatro personas para no ser pobre. Los precios subieron 12,3% entre enero y abril, cuando el Presupuesto oficial preveía 10,1% para todo el año, y el desvío ya golpea a jubilados, trabajadores informales y familias en situación de pobreza.
El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) confirmó en mayo de 2026 que la inflación en Argentina acumuló en el primer cuatrimestre del año un alza del 12,3%, superando la proyección del 10,1% que el Gobierno había fijado para todo 2026 en la ley de Presupuesto. En apenas cuatro meses se consumió toda la meta anual y se siguió de largo. Los sectores con ingresos fijos —jubilados, trabajadores informales y familias en situación de pobreza— son quienes más sufren ese desborde.
En abril los precios al consumidor subieron 2,6% respecto de marzo, cuando la suba había sido del 3,4% por los aumentos de combustibles vinculados al conflicto en Oriente Medio y por alzas estacionales, como en educación e indumentaria. El IPC interanual se ubicó en abril en 32,4%, la segunda desaceleración consecutiva, según el INDEC.
Ese 32,4% interanual explica el impacto en la vida cotidiana: lo que en abril de 2025 costaba $100, hoy cuesta $132,40. En mayo, una familia tipo de cuatro integrantes necesitó $1.434.464 para no ser considerada pobre, y al menos $658.011 para no caer en la indigencia. La jubilación mínima de ese mes, sumando el haber actualizado y el bono de $70.000, fue de $463.174,10: menos de un tercio de lo que cuesta la canasta básica de una familia de cuatro personas.
La Argentina lleva décadas conviviendo con una inflación crónica. El país llegó a registrar cifras de cuatro dígitos en la hiperinflación de 1989, y desde entonces los intentos de estabilización tuvieron resultados desiguales. El actual Gobierno asumió en diciembre de 2023 con una inflación mensual del 25% y logró bajarla hasta un piso del 1,5% en mayo de 2025. Sin embargo, desde ese mes y hasta marzo de 2026 el índice volvió a subir mes a mes, pese a la disciplina fiscal y la política monetaria contractiva.
La pauta de inflación del 10,1% para 2026 había sido incluida por el ministro de Economía, Luis Caputo, y su equipo en el proyecto de Presupuesto de septiembre pasado, cuando muchos consultores privados ya la consideraban poco realista. En los primeros cuatro meses del año esa meta quedó atrás.
Hay factores menos mencionados que explican por qué los precios no ceden como esperaba el Gobierno. La inflación subyacente —que excluye los componentes más volátiles y regulados y refleja mejor la tendencia de fondo— se ubicó en 3,2% en marzo. Los analistas señalan que persiste una brecha entre bienes y servicios, con estos últimos subiendo a un ritmo mayor, en un proceso de normalización de precios relativos y con una estructura de costos más rígida. A esto se suma que el cambio en la ponderación de la canasta, con más peso de los servicios, tiende a consolidar un piso más alto para la inflación.
El desvío inflacionario también golpea la ejecución del Presupuesto: las partidas votadas por el Congreso pierden valor rápidamente en un contexto de precios en alza, y eso obliga al Ministerio de Economía a redefinir gastos, con impacto directo en educación, salud y asistencia social. En las jubilaciones el efecto es concreto: las mínimas con bono acumulan una caída real del 9,4% respecto de noviembre de 2023 y del 5,3% interanual. El propio bono de $70.000, congelado desde marzo de 2024, perdió 53,8% de su poder de compra frente a la inflación.
El último Relevamiento de Expectativas del Mercado (REM) proyectó para fin de año una suba de precios de entre 30,5% y 33%, lo que podría dejar a 2026 con más inflación que 2025. El dato de inflación de mayo, el próximo en confirmarse, lo publicará el INDEC a mediados de junio.
Glosario
- INDEC: instituto oficial que mide precios, población y otros datos económicos y sociales de Argentina.
- IPC (Índice de Precios al Consumidor): mide cuánto suben, en promedio, los precios de los productos y servicios que consumen las familias.
- Inflación subyacente: mide la suba de precios sin contar los productos más volátiles o regulados, para ver mejor la tendencia de fondo de los precios.
- Canasta básica: conjunto de bienes y servicios mínimos que necesita una familia para vivir; si sus ingresos no la cubren, se la considera pobre.
- Indigencia: situación de quienes no llegan a cubrir ni siquiera la canasta de alimentos básica.
- REM (Relevamiento de Expectativas del Mercado): encuesta que proyecta variables económicas, como la inflación, a partir de las estimaciones de consultoras y bancos.
